Nací en el barrio Chacarita, a una cuadra del límite que lo divide
con el barrio Villa Crespo. Así que he recorrido los dos barrios hasta tener
sus calles en mi memoria. Volver a pasear siguiendo mis huellas cotidianas por
las que paso una, dos y hasta tres veces por día, me dio una forma de verlas
que desconocía e ir con dos personas que nunca habían pisado esas calles y escuchar sus primeras impresiones me ayudo a tener esta nueva forma de mirar.
Las calles son como pasajes
para llegar a donde queremos, vivimos corriendo de un lado al otro. Pasear sin
tener un destino hace que veamos lo diario de otra forma, le prestamos atención
a lo que no veríamos. ¡Qué locura no cruzarse a las mismas personas aunque sea
la misma hora pero diferentes días! Rostros que nunca vi y seguramente jamás
veré, borrándose de mi cabeza inmediatamente.
¡Y los arboles! Tan hermosos
con sus colores y variedades, nos dimos cuenta que en los parques y en las
plazas están separados por sectores donde hay hasta tres del mismo tipo juntos,
como si estuvieran puestos por un propósito o simplemente por estética visual.
Mientras los veía nos hacíamos preguntas: ¿Cuántos años tienen? ¿Alguien lleva la cuenta?
Para que estén así de ordenados, deben haberlos
movido como querían entonces… ¿Cómo hicieron eso? ¿Quién hace los planos de las
plazas?




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