miércoles, 22 de mayo de 2019

Posteriormente


  • Ya siendo la hora de irme camino hacia la parada del colectivo que me traerá devuelta a casa, comenzó a llover y me terminé mojando todo pero eso no importó.
  • Volviendo a casa, después de un largo día. Son las seis de la tarde y el colectivo viene a pleno. Ya estaba oscureciendo  y sentía que la calle estaba cada vez más peligrosa. En el colectivo me sentía protegida, ilusamente pensaba que no me podía pasar nada, pero todos sabemos que no es así. Miro para todos lados, estoy pendiente de todo, faltan cinco paradas para bajarme. La parte más fea son las tres cuadras que tengo que caminar para llegar a mi casa, esas cuadras son eternas. Llego mi destino, acá me tengo que bajar. Conmigo descienden otras cuatro personas más, dos adolescentes hombres y una mujer con su hijo de no más de un año. Me quedo tranquila. Bajo, camino a las apuradas y por fin llego a mi hogar, sana y salva.
  • Volver a mi hogar luego de un día largo, ahogarme en mis pensamientos y estar perseguida por algo que solo el miedo creo en mi, es lo normal. ¿Normal? Sí, es imposible no naturalizarlo si pasa  todos los días. La libertad es para unos pocos pareciera ser. 
  • Sigo, miro hacía atrás, a los costados, nada. Con la llave en la mano, me queda una sola cuadra. Trato de no hacer ruido y caminar rápido. Llegué, estoy viva. Estoy bien.

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